SKI AREA BREUIL-CERVINIA

En Breuil Cervinia el esquí está como en su casa
Si el Cervino se encuentra en el centro de este gran complejo internacional, entre Italia y Suiza, el éxito de Breuil-Cervinia se debe también a la posibilidad de salir y regresar al pueblo con los esquíes siempre puestos. Incluso en plena temporada, gracias a la elevada altura donde se bifurcan las pistas de retorno, de la mítica Ventina, que termina su trayectoria justo en el pueblo, a los trazados de Cretaz y los de Cieloalto, todos comunicados entre ellos a través de una densa red de remontes. En Breuil-Cervinia te puedes olvidar del coche. Los únicos medios de transporte conocidos, además de las instalaciones de remonte, son las máquinas pisanieves. Y para los más deportistas, los esquíes de alpinismo y las raquetas de nieve.

 La Pista del Ventina
De los 3.500 metros de Plateau Rosà, el mayor balcón blanco de los Alpes, desde el que tenemos un amplio panorama que va del Cervino, que a pesar de sus 4.478 metros de altura nos da la impresión de poder tocarlo, al Monte Blanco (4.810 m) y al Monte Rosa (4.634 m), del Gran Paradiso (4.061 m) a las montañas del Piamonte, con el inconfundible perfil del Monviso (3.841 m), a las más cercanas de Saboya y de Suiza, con las cimas de Eiger (3.970 m) y de Jungfrau (4.158 m) que vigilan el Oberland Bernés, empieza la espléndida y encomiada pista del Ventina, que también se puede tomar desde la pista del Pequeño Cervino, si nos encontramos en territorio suizo. Pero “sólo” desde el Plateau Rosa parten los 11 “auténticos” quilómetros de trazado clásico, que se concluyen en Cervinia. Se empieza con una “ese” que enmarca la pared aparentemente infinita (al menos para las piernas menos entrenadas) y luego un falso plano con continuos cambios de pendiente, y en ese punto, la “gran pista” empinada antes de llegar a la estación intermedia de Cime Bianche Laghi (2.812 m), a la que podemos también acceder desde la cercana Valtournenche mediante el telesilla de “Goillet”. Aún falta mucho para la meta: una serie de schuss nos llevan a la diagonal que conduce a la zona Bardoney, donde empieza otro tramo espectacular (desde un punto de vista técnico). La famosa pared del Bardoney ante nosotros, lista para ser esquiada de un solo golpe. Un consejo práctico: para no llegar al fondo de Ventina con las piernas “molidas” y sin aliento, mejor hacer una parada a lo largo de la pista en alguno de los acogedores bares-refugio o bien parar y admirar el panorama, con el Cervino que parece seguirnos, ya que cambia el ángulo visual de una parada a otra. No olvides la cámara fotográfica, ¡mejor en la mochila de quien sepa esquiar bien!

El cerro del Theodulo
Si Plateau Rosà es la puerta de acceso más conocida para llegar al complejo suizo de Zermatt, el cerro del Theodulo también es un cómodo acceso: podemos llegar allí desde Breuil-Cervinia, utilizando los telesillas “Plan Maison”, “Fornet” y “Bontadini”. Una peculiaridad histórica: desde mediados del siglo XVI, los habitantes de Valtournenche utilizaban el cerro del Theodulo  para comerciar con los vecinos suizos, pasando por donde actualmente se encuentran las pistas de esquí para alcanzar las principales ciudades del Valais. 

La ciudad de las piedras – Pancheron
Podríamos llamarla la otra cara del Cervino. Desde aquí hasta el pueblo de Cervinia, desde donde parten los telesillas de Cretaz y Pancheron, el “Noble Escollo”, como una pirámide orientada hacia el cielo, proyecta la sombra de su enorme triángulo de nieve y roca sobre los esquiadores que vienen a conocerlo más de cerca. Desde aquí, cambian las perspectivas, los ángulos y las vistas: la pared Sur y la “Testa del Leone” (cresta del Cervino) parece que se diviertan confundiendo los perfiles: a veces montaña imponente, y tras la curva una montaña que encanta con sus desbordantes líneas rectas orientadas hacia arriba, como si quisieran alcanzar el sol. Y el telesilla de Pancheron (6 plazas, cúpula de protección, barra de seguridad para niños) ha contribuido en la ampliación de la rica oferta del complejo del Cretaz. De hecho, esta instalación permite llegar a una altura de 3.000 metros (bajo la Cresta del Furggen) en menos de diez minutos para luego elegir entre el área de esquí de Plan Maison y la de la “Ciudad de las Piedras”, recorriendo pistas de belleza técnica sin igual, como la “9 bis” o la “24” que, en primavera, ofrecen lo mejor de si mismas, gracias a la nieve transformada que permite dibujar curvas impresionantes incluso en paredes verticales.

Cieloalto
Si la pista del Ventina es la más conocida, no menos famosas son las pistas del Cieloalto, donde en los años setenta se disputaban las competiciones de la Copa del Mundo. Cuestas empinadas, cuyo punto final está rodeado de bosques (ideal para entrenamientos incluso con poca visibilidad: niebla o nieve), se adaptan a las exigencias del esquiador más experto, que busca gratificación técnica en trazados difíciles desde el principio al final. Cieloalto, hasta donde se puede llegar con los esquíes puestos, directamente desde la pista del Ventina con una diagonal de enlace, muy panorámica, tiene la ventaja de quedar fuera del alcance de los grandes flujos de esquiadores, por lo tanto es ideal para entrenamientos de gigante y slalom.